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MEDITACIÓN CON EL CUERPO

Para cambiar no basta con comprender. Las ideas, el cuestionamiento, la información… son la puerta de entrada a un cambio que sin embargo no será efectivo si no se arraiga en el cuerpo: lo más denso y concreto. Por más que seamos seres espirituales, nuestra misión está en la tierra, en un compromiso con la forma. El desafío no es huir de una tierra hostil y desacralizada hacia el paraíso perdido, sino labrar este planeta con la inspiración del cielo, con otra sensibilidad, con otra inteligencia.
En esta nueva era que se abre ante nosotros, el desafío ya no es sobrevivir, sino desarrollar la capacidad de funcionar de un modo nuevo. Eugenio Carutti (astrólogo y antropólogo argentino) lo llama “inteligencia vincular”. El libro “Un Curso de Amor” lo llama “la relación”. El vínculo, o la relación, implican dejarse informar por una voz que no es la del control, sino la de nuestro corazón. El corazón no toma una posición, no reacciona, el corazón se abre a ver cómo tratar nuestras diferencias con amor.
Desde lo profundo del corazón, susurra una voz que, aunque accedemos a ella desde nuestra individualidad, no excluye a nadie. Es necesario desarrollar la habilidad de escucharla, antes de poder conquistar el valor de llevarla a la práctica de modo que se convierta en la infalible guía de nuestra vida.
Si antes era el miedo quien nos guiaba, en la nueva tierra lo serán mente y el corazón unidos.
La inspiradora idea de que “todos somos uno” debe ser encarnada: debe modificar la sensación, la química y el deseo. Muchas veces nos enredamos en ideas complicadas cuando aún no hemos tomado posesión de nuestro primer hogar: nuestro cuerpo.
No nos es fácil conectar con lo que sentimos, en parte por la sobre-información (móvil, tele, redes sociales…)  que nos mantienen en la mente y en la proyección de una imagen que busca reconocimiento, y también porque sentir, a veces, nos obliga a atravesar una capa de dolor. Educados para rechazar el dolor, nos anestesiamos hasta perder todo registro sensorial.
En esta cuarentena nos han obligado a parar, pero…. ¿hemos parado realmente? ¿o seguimos en nuestras casas en frenética actividad digital y mental? ¿Sabemos conectar con lo que sentimos?
Como ejercicio de entrenamiento, te propongo tumbarte en el suelo y escuchar este audio que te irá guiando a percibir conscientemente:
  • Tus APOYOS: la entrega a la seguridad suelo, la clave de la relajación.
  • Tus LÍMITES: la percepción de la piel que te rodea y que te permite tanto el delimitarte como individuo como el comunicarte con el exterior.
  • Tu ESPACIO INTERNO: el volumen de tu cuerpo, contenido dentro de tu piel.
  • Tu ESTRUCTURA: el esqueleto contenido en tu espacio interno, la solidez sobre la que se construye lo demás.
La atención en el propio cuerpo nos trae al aquí y al ahora, al famoso momento presente: la base de la meditación y la puerta de acceso a la conexión vincular. En esta nueva fase de la vida sobre la tierra, no será posible funcionar sin ella.
Es posible que estar parado te haga más consciente de la inquietud interior, en ese caso es interesante localizar esa angustia en el cuerpo (fíjate dónde se localiza y cómo se siente) y quedarse con ella, respirándola, sin agitarse. El dolor no puede calmarse huyendo de él, sino atravesándolo: conectando con él y quedándose ahí hasta que comience a diluirse. Uno no “suelta el dolor” sino que aprende a sentirlo hasta que el dolor se va: es algo que ocurre y no algo que se hace. No somos nosotros quienes decidimos cuándo. Lo que vamos aprendiendo a soltar son las acciones compulsivas que realizamos para huir del dolor, que no es lo mismo. Eso es a lo que se llama trascender.
Puedes añadirle una melodía que te inspire, de fondo, a esta relación desde lo corporal.

 

ATENCIÓN, TOMA DE CONCIENCIA Y RELAJACIÓN

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