UCDM

La obra Un Curso de Milagros es un recurso de enseñanza que aborda temas espirituales de carácter universal.

Pone más énfasis en la aplicación práctica que en la teoría y más en la experiencia que en la teología.

Como el propio Curso dice de sí mismo, se trata de un camino más de los muchos que en estos tiempos singulares se nos ofrecen, y difiere de los demás sólo en su forma.

Considero, de acuerdo con esta afirmación, que hay otros medios y enseñanzas afines que pueden ayudarnos a comprender y aplicar su exigente sendero, según la propia guía interna nos lo dicte.

El proceso que el Curso nos propone es un entrenamiento basado en la auto-observación y destinado a la transformación de mi realidad mediante un cambio de percepción. La percepción cambia a medida que aprendemos a reconocer todo lo falso: una identidad y un mundo ilusorios (virtuales) fruto de la negación de la Verdad.  A medida que lo falso se reconoce y sus informaciones se dejan de lado, lo real se abre paso naturalmente: una identidad abstracta y no dual que implica la unión y coherencia con todas las partes de la Vida y que vamos a denominar origen. Este origen abstracto se convierte en el emisor de la nueva percepción.

El origen de lo ilusorio es la creencia en la separación de la Fuente Original, un “viaje” en el que tienen lugar dos movimientos:

De la lógica universal a la distorsión de una lógica particular. Me separo de lo que soy: disidentes de nuestro propósito original, de nuestra importancia dentro del todo, pretendemos utilizar  la energía disponible de nuestro potencial creador, al margen de ese propósito universal, con un propósito particular de especialismo basado en el deseo de ser el “jefe” de un universo propio.

Esta idea loca e imposible en términos de realidad no hubiera ido más allá de no haber creído que era posible, que se llevó a cabo realmente, de no haberla tomado en serio, de no haberse olvidado de reír

(Una realidad, en términos de física cuántica, consta de dos principios indisociables, el principio de información o propósito y el principio energético, siendo siempre el propósito previo a la energía, es por esto que la energía separada de su propósito sólo puede aspirar a una existencia virtual).

De la distorsión de una lógica particular a la existencia en el tiempo lineal. Llevo mi sueño adelante al tiempo que me separo de la responsabilidad por ello: Del “robo” de esa energía para un propósito particular, separado del original, resulta una intolerable fricción (carga gravitatoria en términos de física cuántica), un tremendo sufrimiento ligado a un sentimiento de culpa. El deseo de hacer real esta perspectiva particular imposible, fruto de la escisión con el todo, evitando además el sentimiento de traición que genera, lleva a la esencia separada a un sueño aún más profundo: el falso mundo de la identidad ilusoria y limitante, un mundo material de aparente separación, donde múltiples cuerpos y formas la confirman, un mundo de carencia en donde todo lo que creo necesitar se encuentra fuera y en donde mi supervivencia depende de mis propias fuerzas y habilidad.

Tras esta segunda fase, necesaria para liberarse del peso del supuesto “pecado” cometido (supuesto porque no es real más que en nuestros sueños) el olvido es profundo.

Ahora tanto mi culpa como el recuerdo de mi esencia original (aún más profundo) quedan relegados al insconciente:

– Mi origen abstracto queda suplantado por un origen concreto, por una identidad ficticia sujeta a un programa y una percepción limitantes, y a una biología, un cuerpo físico que va a hacer real la separación.

– La culpa inconsciente (lógica en distorsión) va a ser proyectada sobre los otros cuerpos que ahora se perciben como algo separado de mí.

– El amor perdido (identidad original), genera el vacío existencial, el cual trata de rellenarse fuera mediante sustitutos (ídolos).

En este mundo en donde la percepción se apoya en fragmentos, donde la certeza no existe, donde creyendo ser libres somos esclavos,  es donde nos hallamos perdidos.

Deshacer esta culpa (por algo que nunca ocurrió) y retornar a la inocencia original se convierten en el propósito del cambio de percepción, una torsión natural del entendimiento que en el curso es llamado perdón, una palabra que puede llevar a muchos malentendidos.

El perdón tiene que ver con el abandono de la idea que decide previamente que uno mismo, otra persona o cualquier situación de la vida es buena o mala. Es una mutación de la percepción que nos lleva a la comprensión de lo que es.

Corregir la percepción lo es todo. Cuando buscamos mutar la percepción, lo que estamos haciendo es, asumirnos como receptores del inconsciente, y elegir, de entre las dos partes del inconsciente al original, la más profunda, para lo que previamente debo haber detectado y soltado justo lo que no quiero mirar: los errores que generaron mi culpa. El objetivo ya no es buscar lo que juzgo como bueno o evitar lo que juzgo como malo, sino encontrarle propósito a lo que es sin juicios dualistas previos.

La percepción limitante procedente de la confusión de identidad instalada en la segunda fase del desdoblamiento, siempre acarrea conflicto, pues ese es su origen: creamos un mundo externo donde colocar fuera nuestra sombra y luego nos peleamos con las sombras que vemos afuera, sin darnos cuenta de que al no haber “afuera” sólo nos estamos peleando con nosotros mismos.

Sólo la percepción desde nuestra identidad original puede proporcionar sentido y comprensión, para lo cual debemos asumirnos como seres virtuales que no saben nada, pues su percepción es ilusoria y fragmentada, y desde esta asunción dejar de emitir respuestas referenciadas a la memoria de un pasado concreto, es decir, respuestas seleccionadas por mi identidad virtual, y quedar disponibles, como humildes receptores, a la emisión de esta identidad original, un emisor universal cuya respuesta lo incluye todo, la única perspectiva capaz de abarcar el panorama completo.

Quedarse disponible a la emisión del vacío (origen) exige soltar previamente toda idea de lo que comprendo y creo que debe ser, lo cual significa enfrentar la frustración en total incertidumbre, entender que mis certidumbres, aunque crea en ellas, no saben nada. Simplemente, asumiendo que estoy separado de lo que soy, me pongo en manos de ese yo real, aunque no tenga ni idea de qué se trata.

Soltar mi identidad programada supone primeramente reconocerla, por eso no es este un proceso de búsqueda de la luz, sino de radical reconocimiento de la sombra, un reconocimiento neutral y sin juicio mediante el cual nos vamos desvinculando de ella. Cuando podemos reconocer a los emisores falsos de la identidad y no los validamos, la verdad (la luz) simplemente casa frecuencialmente con este vacío y nos encuentra.

Mediante el refinamiento de la percepción, a través de la aplicación del proceso del perdón, vamos socavando los cimientos de este falso yo, hasta recordar y re-conocer a la voz de la verdad en mí, mi voluntad olvidada, una voluntad universal.

Este cambio de percepción en nuestra mente, guiado por la conectividad en el presente con el espíritu original que aún nos habita y al que apelamos, y que representa la visión más elevada que existe – la del amor, la visión Crística, una visión universal – es a lo que llamamos milagro.

Milagro a milagro, nuestra mente va sanando, aproximándose cada vez más al mundo real, un mundo en el que, aunque aún dentro del sueño, podemos reconocer nuestra inocencia y por tanto verla fuera, pues ahora es sólo inocencia lo que proyectamos. El mundo real es el resultado de la consumación del proceso del perdón y la antesala del Reino de los Cielos, el Reino de la Unidad y de la Coherencia, el Reino del Amor.

Este es el camino de retorno a nuestra Esencia, a nuestra Fuente, a nuestro Origen.

Aunque el Curso es un estudio individual y al propio ritmo personal, los facilitadores y grupos de estudio resultan de gran ayuda a la hora de afinar la interpretación y evitar confusiones, pues el lenguaje metafísico del Curso puede no ser fácil en un primer momento, así como la identificación de los diferentes niveles de experiencia a los que se refiere. Además, como el deshacimiento del falso yo o ego se vive, muy frecuentemente como una muerte, generando periodos de crisis y miedo, estas ayudas se hacen no sólo útiles de cara a la comprensión y asimilación, sino también como apoyo y como medio de compartir y mantener viva la motivación y la resonancia.

Superar las tensiones y fricciones con nuestros semejantes implica sintonizarse con la frecuencia pulsátil de la personalidad superior, iniciar el ascenso por el sendero que conduce al esclarecimiento… y marchar en una atmósfera de luz, bajo una lluvia de milagros.

Como una copa sin fondo, el Santo Grial de quienes aman nunca está vacío. En las matemáticas de la metafísica, veréis… que cuantos más milagros regalamos a los demás, tantos más quedan para vosotros y para mí.

¿Quién entre nosotros no parece, a ratos, indigno de ser amado? ¿Y no son precisamente esos los momentos en que secretamente anhelamos que más nos amen?

¡Oh! la magia de que alguien a quien hemos maltratado nos retribuya con un trato amable; el milagro de oír, cuando hemos dicho: “Siento haber pronunciado esas palabras crueles” la respuesta: “Qué palabras crueles? Yo no las he oído”.

Entonces el corazón estalla de júbilo y la copa se desborda. Porque este secreto antiquísimo de la alquimia es un secreto muy sencillo.

Si fue negativo, no sucedió… excepto en el mundo de la quimera.

Y así, ojalá la fuerza… del amor… nos acompañe. Ojalá ella subsane el error de la separación, mediante sus prismas de luz.

Linda Goodman  y yo