PURIFICACIÓN DEL CUARTO CHAKRA

 

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Sentados cómodamente, cruzamos los brazos sobre nuestro pecho, con el derecho por encima del izquierdo. Dejamos fluir libremente la respiración e invitamos la paz en nosotros.

Esta posición de los brazos coincide con el recorrido de dos grandes nadis que se cruzan exactamente en el centro del chakra cardíaco. El hecho de cruzarlos a lo largo del trayecto de estas dos grandes líneas de fuerza, multiplica su intensidad y las ayuda vibratoriamente a encarnarse más allá de todo miedo. Es por tanto una postura altamente significativa, tanto en el plano simbólico como energético.

Si ante una manifestación emocional llegara a molestarnos esta postura se aconseja abandonarla dejando simplemente los brazos sobre el suelo a ambos lados del cuerpo.

Serenamente, dirigimos nuestra conciencia hacia el centro de nuestro pecho hasta identificarse con nuestro chakra cardíaco.

Tratamos de percibir en la cavidad de nuestro pecho, una espiral plana, de luz delicadamente rosada girando armoniosamente sobre sí misma en sentido horario.

Percibimos el movimiento de rotación de la espiral, mientras dejamos a nuestra respiración fluir libremente a su ritmo natural.

Esta espiral no es imaginaria: existe un remolino luminoso, justo en el centro de cada uno de nuestros chakras, emisor en la parte de delante y receptor en la de atrás. 

En el caso del corazón, este punto de encuentro coincide con el átomo-germen que sigue a todo ser de vida en vida. Dejarnos absorber por el movimiento horario de este remolino luminoso en cuestión, nos permite entrar en relación con nuestros sufrimientos pasados y empezar a desincrustar así nuestras memorias sufrientes.

La práctica de la limpieza de este chakra, puede provocar reacciones de orden emocional. Si se presentan, se aconseja dejarse llevar por estas sensaciones, sin buscar identificar su origen si este no se expresa espontáneamente por sí mismo.

Nos preparamos para movilizar la espiral luminosa del siguiente modo:

Durante una inspiración lenta por la nariz, hacemos ascender una pequeña columna de luz rosa desde el centro de la espiral cardíaca hasta unos veinte centímetros por encima de nuestro cráneo.

Este momento de elevación de la luz, debe imponerse por sí solo y ser vivido como “la canalización en la vertical de un exceso de nuestro corazón”, un exceso hecho de toda la fuerza de compasión de la que somos capaces en un impulso espontáneo. De esta espontaneidad depende en gran parte la calidad de la luz que va a elevarse, y perderá gran parte de su fuerza curativa, si es reflexionado, si no brota de una pulsión sagrada.

Una vez con los pulmones llenos y la luz rosa por encima de nuestra cabeza, en apnea tras la inspiración, dejamos que el “chorro” de esta columna se enrolle sobre sí mismo, generándose de este modo otra espiral que igualmente girará en el sentido horario.

La columna de luz que “barre” los circuitos cardíacos, tiene como objetivo unificar sus memorias bajo la forma de un impulso de compasión, y la espiral final, es confiada al chakra de la corona para que la forma-pensamiento de pacificación cultivada durante el ejercicio, sea engrandecida.

Finalmente espiramos, soltando nuestra percepción y retomando una respiración libre.

Practicaremos este ejercicio cuatro veces seguidas.

La purificación no trabaja de ningún modo bajo la mortificación, ya que purificarse no es castigarse, sino reconciliarse con nuestra naturaleza original.

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