INSTRUCCIONES GENERALES

Extracto del libro “El Método del Maestro” de Daniel Meurois, Ed. Isthar Luna-Sol

Este es un método para la purificación, el florecimiento y la elevación del Ser, enfocado a través de la limpieza de cada uno de los chakras.

Una práctica de Despertar, para desbloquear el corazón y permitirle el aprendizaje del amor.

Se dirige, ya no a unos pocos privilegiados, como antaño, sino a esa parte creciente de nuestra humanidad que empieza por fin a comprender la necesidad de labrar su propio campo para abolir las fronteras, tanto en uno mismo como alrededor.

Los ocho ejercicios nos recuerdan el símbolo del infinito y la generación de un movimiento de vida: tras el fin de un primer septenario – el de los siete chakras “clásicos”-, emerge un relámpago de renacimiento, el octavo chakra.

Nuestro deseo es el de acercarnos al descubrimiento y apertura de este octavo chakra.

 

PROTOCOLO

Se debe practicar la meditación de cada uno de los chakras durante 7 días consecutivos cada una, es decir, ocho semanas en total.

Tras finalizar la semana del octavo chakra, deberá repetirse cada una de las ocho meditaciones en orden, un día cada una, es decir, ocho días más.

En total, el plan nos llevará ocho semanas y ocho días.

SOBRE LA ACTITUD

Se trata de un camino de comprensión y de fusión con la corriente de Lo Vivo, más que una receta o una técnica rígida.

Su meta es la de poner a nuestro ser en marcha.

Además de perseverancia en el esfuerzo requiere una actitud de ternura hacia todo lo que es.

Si tenemos esta fuerza y perseverancia para practicarlo y, sobre todo, para vivirlo, experimentaremos sin ninguna duda modificaciones en nuestra manera de pensar y de ser, así como en nuestras percepciones, preludio de una nueva conciencia más vasta y más amorosa.

A pesar de requerir fuerza y perseverancia, no debe ser considerado como algo “serio”, sino que requiere ser vivido como una alegre cita diaria, con sencillez y autenticidad, no como una carrera de obstáculos a superar.

Ninguno de los ejercicios requiere un resultado, sino que nos invitan a avanzar con franqueza hacia nosotros mismos, con nuestras debilidades y capacidades, sin tener nada que demostrar a nadie.

Es posible que se experimenten dificultades en la puesta en práctica de alguna fase precisa de los ocho ejercicios, incomodidad, pequeño malestar, aturdimiento. En este caso, poner en punto muerto el ejercicio, no forzar nuestros límites e ir naturalmente hacia el ejercicio siguiente.

No debemos transformar nuestra dificultad o incapacidad pasajera en barrera o problema. Nuestros límites y tensiones desaparecen por sí solos en cuanto uno deja de focalizarse en ellos. No debemos afrontar el ejercicio como algo petrificado en el seno de un cercado, sino como un camino en el que toda limitación penosa debe estar ausente…

En caso de incomodidad, tratar de localizar la zona de bloqueo físico, emocional o mental, no para identificarla intelectualmente y hacerla responsable de la dificultad, sino para iniciar una reflexión a partir de ella, dejando “hablar” en nosotros a la zona u órgano en cuestión, insistiendo en el carácter meditativo de tal reflexión. No entrando en una lucha interior incriminativa, sino entrando en íntimo diálogo con el fin de liberarla de su eventual sufrimiento.

No es necesario identificar o nombrar claramente el origen de un sufrimiento sino el diálogo interior y la fluidez del contacto establecido con el punto de incomodidad o desarmonía. Lo que nos liberará de un problema concentrado en un órgano o función, no es su verbalización precisa, sino el otorgarle una atención amante y no culpabilizante.

En el camino de la evolución de la conciencia y del corazón, jamás habrá otra cosa que alumnos de la Vida.

Su trazado no es el de una carrera y en él no se concede ningún diploma… simplemente porque no incluye una línea de llegada definitiva.

Esa es su belleza.